Juan Carlos Plá, in memoriam
Juan Carlos Plá falleció ayer domingo 26 de junio de 2011 en la Ciudad de México.
El 9 de octubre de 2010 se presentó su libro Del destino y del destinar, reproduzco aquí lo que dije aquel día para saludar a un un psicoanalista indispensable para entender la inserción del psicoanálisis lacaniano en la Ciudad de México, hombre generoso, noble amigo, poeta y anarquista.
El 9 de octubre de 2010 se presentó su libro Del destino y del destinar, reproduzco aquí lo que dije aquel día para saludar a un un psicoanalista indispensable para entender la inserción del psicoanálisis lacaniano en la Ciudad de México, hombre generoso, noble amigo, poeta y anarquista.
Presentación de Del destino y del destinar, libro de Juan Carlos Plá[1]
Manuel Hernández[2]
Hay una deliciosa película de Buster Keaton que se llama The General en donde él es el maquinista de una locomotora de vapor llamada General. En muchos momentos de la película Buster Keaton tiene que perseguir a su máquina para que no se le vaya el tren -su propio tren- al que persigue no sólo porque sea su tren, sino porque en él va su amada, pequeño detalle.
Igual que Buster Keaton cada uno de nosotros llega al psicoanálisis cuando ya está en movimiento, y tiene que correr para alcanzarlo y no perder su propio tren. Algunos, en cierto momento hemos conseguido subir y hacer el viaje, aunque no sepamos claramente ni de dónde viene ni hacia dónde va.
También eso es cierto del libro de Juan Carlos Plá que hoy se presenta. El lector tiene que correr para alcanzarlo, porque cuando lo toma en sus manos se entera de que el trayecto de los seminarios sabatinos de los que surge, ya llevaba dos años de duración. Eso consigue que el lector, en cuanto comienza el libro, ya esté en deuda y desde la primera página vaya retrasado en sus lecturas. Justo como le sucede a cualquier joven que se acerca al psicoanálisis por primera vez.
Así me acerqué yo hace veinticinco años al seminaro de Juan Carlos Plá “Clínica psicoanalítica de la psicosis” en la Clínica Florida, y recuerdo con claridad que ese día él sitúo su posición como freudo-lacaniana. También recuerdo que ese seminario no tenía ningún aval institucional, aunque yo sabía que Juan Carlos pertenecía a la APM; y entonces no sabía mucho más.
Para tratar de ver de dónde viene el tren que intenté alcanzar cuando me propusieron presentar su libro, tal vez convenga ir a Buenos Aires.
Estamos en el año 1969 y a la Librería Galatea, quién sabe porqué, llegaron los Écrits de Jacques Lacan, editados por Seuil.[3]
Tal vez fue por esa tradición argentina a la que se ha referido Marcelo Pasternac en alguna ocasión: un argentino lee todo. Como haya sido, los Écrits estaban en la Librería Galatea y un joven Juan Carlos Plá, de paso por Baires, los compró y ahí empezó un filón de historia que llegaría a la Ciudad de México.
Recuerdo los primeros coloquios a los que asistí en los años ochenta, veía de reojo y francamente impresionado cómo su ejemplar de los Écrits estaba completamente subrayado. Me impactaba tanta lectura y relectura en francés de Lacan, cuando por mi parte apenas había comprado los Escritos en Siglo XXI y acababa de probar la emoción y la amargura de la primera lectura de algunos textos.
De manera que podría rastrearse el origen de este tren hasta Buenos Aires, pero sería más preciso situarlo en Montevideo.
El psicoanálisis lacaniano en México tiene en esa hermosa ciudad un punto de origen que le ha dado matices muy específicos.
A diferencia de lo que ha sucedido en el resto de América Latina, donde la influencia porteña de Oscar Masotta y luego parisina de Jacques-Alain Miller ha sido decisiva, en la Ciudad de México el tren del psicoanálisis lacaniano partió de Montevideo. En especial de la Asociación Psicoanalítica Uruguaya, de la que también son parte Juan Carlos y su esposa Esperanza.
En esos años la APU era una excepción en el mundo del psicoanálisis de la IPA, debido a que desde su fundación y hasta la fecha ha aceptado en formación a candidatos no-médicos. Esa fue la razón por la cual Willy Baranger y su esposa Madeleine decidieran trasladarse de Buenos Aires a Montevideo, pues él tenía formación filosófica y era Profesor del Instituto Francés de Estudios Superiores, y por su parte ella era maestra de letras clásicas. En Uruguay, a diferencia de Argentina, no había obstáculos legales para que ellos practicaran el psicoanálisis.
Esta aceptación clara y abierta de la Asociación Uruguaya del psicoanálisis lego probablemente dio pie a que en los años sesenta se produjera un viraje muy patente que se puede situar con precisión gracias a la Revista Uruguaya de Psicoanálisis: la lectura y el comentario de Melanie Klein fueron paulatinamente sustituidos por un interés hacia Lacan.[4]
De manera significativa, el primer número de la revista, fechado en 1956, abría con una traducción del artículo de Klein “La importancia de la formación de símbolos en la formación del yo”, el clásico texto sobre Dick. Aún si eso valía como una toma de posición teórica, en principio favorable a Mélanie Klein, el tiempo enseñaría que a la vez, y de manera imprevisible, ya portaba el cigoto lacaniano, pues es posible sostener que el célebre esquema óptico de Lacan surge del comentario de ese artículo de Klein.
Aún si la revista tenía una gran apertura teórica, durante años la referencia a Klein estuvo muy consolidada. Los comentarios sobre los objetos internos, las posiciones depresiva y esquizo-paranoide dominaban los títulos de los trabajos de autores como Paula Heimann, Arminda Aberasturi, Arnoldo Raskovsky y los propios miembros de la APU, como Willy y Madeleine Baranger, Koolhaas y Garbarino.
Pero en 1969, como del más allá, aparece un texto atribuído a Jacques Lacan, “La relación de objeto y las estructuras freudianas”. A partir de ahí rápidamente las menciones a Lacan ganan terreno, hasta que en el tomo 12, en el año 1970, aparecen dos artículos en donde la influencia de la lectura de Lacan ya es inequívoca. El primero es el de Osvaldo Francheri, “El rey del bosque; un caso de histeria de angustia”[5] y el segundo es de Juan Carlos Plá, “El período de comunicación oniroide en el análisis de Griselda; a la búsqueda de un sujeto por el camino del teatro y del sueño”.[6]
La influencia de Osvaldo Francheri en el ámbito del psicoanálisis lacaniano en la Ciudad de México es muy importante, en particular para la École lacanienne de psychanalyse. Aunque ese tren también salió de Montevideo con destino a la Ciudad de México, antes pasó por Córdoba, Argentina. Pero es un trayecto que no nos incumbe el día de hoy.
En otro momento he comparado el estilo de ambos artículos para mostrar hasta qué punto la referencia a Lacan cumple funciones distintas en el artículo de Francheri y en el de Juan Carlos Plá.[7]
Sin embargo, hoy quiero subrayar que ese artículo es el primero que aparece firmado por Juan Carlos en la RUP y corresponde al texto que los miembros adherentes debían presentar para convertirse en miembros titulares. Ese paso fue cumplido por él para luego convertirse en un miembro titular con funciones didácticas, como se llama en la APU.
El artículo deja testimonio de que la manera de recibir a su analizante está organizada por un no-saber que le permitió a Griselda desplegar su angustia a través de un discurso en donde los sueños en plena vigilia tienen un lugar preponderante. La “familiaridad con la locura, con el sueño” de Juan Carlos Plá fue la razón por la cual alguien le había derivado a Griselda.
El relato de ese análisis ya deja ver tres cosas que son patentes en Del destino y del destinar. Ante todo que el psicoanálisis y la locura son indisociables, y que no son abordables desde una óptica psicopatológica que medicalice el discurso. Juan Carlos dice en su libro que “si para el analista la experiencia de la enfermedad no es una experiencia capital, decisiva del decir, bueno, mejor que cambie de chamba”.[8] Exactamente esta tesis es la que le permite no medicalizar a Griselda, sino recibir sus rarezas como formas de decir algo que era decisivo para ella.
Un poco más adelante, en su libro, Juan Carlos sostiene lo siguiente: “Saber leer en el texto de una palabra, en su teatralidad y a través y a partir de su teatralidad, oírla, es realmente algo absolutamente esencial para el análisis. Y pienso yo, para cualquier experiencia clave con la palabra”.[9] Como si caminaramos en una banda de Moebius, veinticinco años después, en otro país, reencontramos el análisis de Griselda, pues ahí se trataba de la búsqueda de un sujeto a través del teatro.
A mi entender, es justamente el registro del arte lo que le da a la producción de Juan Carlos Plá una especificidad psicoanalítica. Jacques Rancière señaló en El inconsciente estético que si Freud no fue un médico más en los anales de la psiquiatría se debió a que habló de arte y encontró ahí la manera de no positivizar por completo su producción. Es exactamente lo que se produce a lo largo de las páginas del libro de Juan Carlos; a través de las conmovedoras páginas sobre Pessoa, permite rozar la negatividad constitutiva del sujeto. Lo hizo de una manera por demás arriesgada, es decir, leyendo poesía en público, en voz alta. Este es un acto subversivo que diezmó las filas de su seminario pues el discurso dominante impone resultados prácticos inmediatos, de preferencia cuantificables en dinero. Pero para Juan Carlos Plá “lo primero es lo primero, y nunca es el dinero”.[10] Eso no quiere decir que en el análisis de Griselda la cuestión del dinero no tuviera un lugar central, decisivo, pero es muy claro que en el análisis él le dio al dinero el valor de significante; para lo cual no fue necesario que Juan Carlos Plá teorizara en su artículo sobre el significante, simplemente lo trata así en acto. Como si eso fuera simple, claro. Porque para escuchar a Griselda era necesario entrar en la escena de su locura y opina Juan Carlos:
[...] sin imaginación no se puede escuchar, y que si el sillón del analista es más bien un lugar de alguien demasiado fóbico, nada tendrá qué hacer con la psicosis.
Si el analista necesita defenderse demasiado, y ocultar, su cuerpo y sus significantes demasiado, no habrá dimensión teatral de la psicosis o de la palabra, habrá a lo sumo mirar por el ojo de la cerradura, que no es la mejor manera de escuchar.[11]
Creo que no es aventurado decir que ese artículo de la RUP está en el origen de los veinticinco años de seminario de Juan Carlos Plá sobre la “Clínica psicoanalítica de la psicosis”. Ahí están ya esos tres rasgos que definen su producción y que a mí me parecen específicamente analíticos. La relación indisociable entre psicoanálisis y locura, concebir al delirio como un decir que no es del orden de la medicina, y recurrir al arte para abordar la negatividad propia de ese discurso.
Estos rasgos corresponden exactamente a la especificidad freudiana del psicoanálisis, pues Freud insistía en que los analistas no tienen porqué ser médicos. Es la posición de la Asociación Psicoanalítica Uruguaya y ciertamente era la posición de Lacan. Si en los años setenta el retorno a Freud fue decisivo para que los psicoanalistas en América Latina retomaran la lectura de las fuentes freudianas, también lo fue para que se acercaran a Lacan.
Cuando los Escritos fueron publicados por Siglo XXI, Armando Suárez realizó algo excepcional, cuyas consecuencias no se han ponderado. Tradujo por primera vez al castellano a Lacan, pero sobre todo lo hizo sin tener que pasar por la familia de Lacan. Esta separación entre el psicoanálisis y la familia es decisiva para que haya posibilidades de innovar, porque si se separan ambas cosas nadie está preocupado por cuidar un patrimonio familiar.
Pero no sólo eso, Armando Suárez advirtió muy pronto algo decisivo:
Cuando en 1970 y en mi calidad de director de esta colección propuse al director de Siglo XXI la traducción de los Écrits de Jacques Lacan, trataba de presentar al público de habla española a un autor prácticamente desconocido, nombre vagamente asociado para algunos a un mito, para otros al escándalo. Aparecido cuatro años antes en un grueso volumen, sólo unas pocas decenas de estudiosos de Buenos Aires, México, Madrid o Barcelona se esforzaban en descifrar una prosa gongorina que condensaba en un artículo de 20 o 30 páginas la enseñanza de uno o dos años, proseguida miércoles a miércoles en su ahora ya célebre Seminario.
¿Por qué publicar a un autor tan difícil y tan polémico?
[...] convencido como estoy de que los planteamientos de Lacan, se esté o no de acuerdo con sus presupuestos o con sus conclusiones, no pueden ser en el futuro ignorados por nadie que quiera repensar y hacer avanzar la reflexión y el cuestionamiento de las bases teóricas del psicoanálisis.[12]
Juan Carlos Plá, lector de los Écrits, fue uno de los tocados por el llamado de Lacan a un retorno a Freud; no fue el único, pero su decisión de abrirse a la lectura de Freud determinó una serie de consecuencias que repercutirían en el psicoanálisis de la Ciudad de México.
Ahora bien, ¿por qué caminos llegó en primer lugar la lectura Lacan a Montevideo? Es difícil decirlo con precisión. Por un lado, Willy Baranger viajaba a menudo a Francia y probablemente ahí entró en contacto con la producción de Lacan. Por otra parte, Pichon Rivière era amigo de Lacan y llevó sus artículos a Argentina. Lo cierto es que a partir de 1969 se lo comenzó a leer y a comentar en el Uruguay.
Hacia 1971 hubo un seminario de Marta Nieto sobre Las formaciones del inconsciente que se apoyaba en el resumen que hizo Pontalis,[13] sin citar explícitamente a Lacan. Luego comienzan a inundar la RUP autores como Laplanche y Leclaire, y la referencia a Lacan se vuelve explícita, hasta que en 1976 la RUP dedica dos revistas expresamente a esta cuestión, las llamaron “En torno a Lacan”, finalmente en 1978 aparece un artículo muy importante de Jean Allouch llamado “Una terna freudiana; acto, acting out y acción”.[14] A partir de ahí las referencias a Lacan desaparecen paulatinamente, salvo excepciones. Pero la semilla del retorno a Freud ya había germinado. Ahora bien, en 1977 Juan Carlos y Esperanza se vieron forzados a exiliarse. En 1972 tuvo lugar el Congreso Latinoamericano de Psiquiatría, en Punta del Este. En ese período la directiva de la Sociedad de Psiquiatría era uruguaya y Juan Carlos era su secretario. En ese congreso, Juan Carlos Plá hizo una denuncia de la tortura que el gobierno llevaba a cabo, pero sobre todo denunció la participación de cierto psiquiatra uruguayo en las cárceles, cuando se pretendía forzar a declarar a los presos, que en esa época eran predominantemente tupamaros, aunque ya había algunos dirigentes sindicales. Aunque Juan Carlos Plá no fue parte de Plataforma ni de Documento, ni abandonó la IPA, su reflexión sobre la tortura encontró acogida en Cuestionamos,[15] con lo cual inscribió su nombre en esa histórica publicación.
Juan Carlos Plá ciertamente no forma parte de aquellos que él llama “los invictos del psicoanálisis”. Su primer y más importante análisis lo hizo con Rodolfo Agorio, uno de los fundadores de la APU, y luego se analizó con Mercedes Garbarino. Por mi parte, detecto el paso por esos análisis en dos registros decisivos. Primero en la relación que guarda con lo Otro. Hay un pasaje de su libro que lo registró claramente, se trata del momento en que hace un lapsus y en vez de decir escritor llama a Kafka escribano:
Después de citar a Kafka hablando de su propia muerte, Juan Carlos dice:
El escribano, perdón, ¡qué escribano ni qué ocho cuartos! La barbaridad es que en francés se dice écrivain, el escritor. ¡Quién sabe porqué dije escribano! ¡Es gracioso eso! Nunca se me ocurrió pensar en la escribanía como uno vicisitud de la escritura. Uno aprende de sus propios lapsus.
De alguna manera –ya que estoy y me interesó el lapsus-, el escribano escribe algo que no dice nada, pero atestigua que todo está en regla. El escritor tal vez tampoco dice nada o, si lo dice, es porque atestigua que no se trata de la verdad.[16]
Esta forma de sacar consecuencias de un lapsus no puede ser la de un sujeto invicto por el psicoanálisis, sino de alguien cuya prestancia imaginaria cede ante la aparición del inconsciente. Esto es lo que se ha llamado la función secretario,[17] y aquí se ve a alguien que es secretario de su inconsciente, algo que revela el paso por un psicoanálisis.
Pero hay otro costado, decisivo, que concierne al posicionamiento como analista. Se lo puede leer en el análisis de Griselda. Justamente es el momento en que se trata de tomar posición respecto del pago. Retomo entonces una frase ya citada:
Lo primero es lo primero, y nunca lo es el dinero. Jerarquizar en primer lugar a su persona y a su posibilidad de vínculo conmigo, era lo que más profundamente venía a buscar en mí, como hecho nuevo.[18]
Esta es la toma de posición decisiva de un analista: hacer un manejo de la transferencia que pasa por aceptar una pérdida, una pérdida que recae en primer lugar en el analista y que desde ahí opera.
Aquí se constatan los efectos de un análisis que permite sostener una transferencia, apostando a que aparezca algo nuevo para los analizantes, una operación cuyos costos ha asumido primero el analista.
Cuando Juan Carlos se encontró en aprietos debido al aumento de la tensión política en Uruguay, exploró la posibilidad de exiliarse. Escribió a México y Armando Barriguete le contestó de inmediato diciendo: “Vente ya. Acá donde comen dos comen tres”. Esta respuesta generosa lo decidió a emprender el viaje y al llegar al DF se hospedó con Mimi Langer, mientras que José Luis González le permitió usar su consultorio. Fue reconocido como didáctico en la APM y propuso rápidamente un seminario sobre Freud. Como respuesta recibió un “¿y para qué ocuparse de autores antiguos?”. Sin embargo, el retorno a Freud ya era un principio de acción para Juan Carlos y el seminario tuvo lugar. Le siguió un seminario sobre Lacan. Ambos seminarios le abrieron caminos de lectura y de análisis a muchas personas. No sólo mexicanos, sino ciudadanos argentinos -cordobeses en particular- y uruguayos, que también se habían exiliado en México.
Juan Carlos Plá ha sido un factor decisivo para que el psicoanálisis lacaniano exista en la Ciudad de México. Sin duda no ha sido el único factor, pero su presencia en el medio analítico del Distrito Federal ha sido muy influyente. Una característica de su influencia es que no la ha ejercido a través del proselitismo ni del uso del poder. Y al respecto recupero estas palabras de Foucault refiriéndose a Lacan:
Lacan no ejercía ningún poder institucional. Aquellos que lo escuchaban querían precisamente escucharlo. Él no aterrorizaba más que aquellos que le tenían miedo. La influencia que se ejerce no puede ser jamás un poder que se impone.[19]
Es una afirmación digna de atención cuando proviene de alguien que teorizó la omnipresencia del poder. Es decisivo tenerlo presente: cuando se trata de psicoanálisis, no puede tratarse de poder. Juan Carlos Plá lo dice así:
Parecería que el liberarse de la locura en su forma de paranoia, y la paranoia es para Lacan, dicho muchas veces, el campo psicoanalítico de la psicosis, es como si el análisis, cuando ocurre, cuando toca, cuando se tiene suerte, pudiera de alguna manera deshacer a la historia paranoica, a la historia del poder. Desprenderse del delirio por un camino de no-poder y de lo imposible.[20]
Al ver a Juan Carlos Plá tan lacaniano, un día, hace tiempo, se me ocurrió preguntarme: ¿qué hace Juan Carlos Plá en la APM, en la IPA? Con el tiempo una respuesta me llegó -estoy casi seguro de que no será la suya- pero yo constato que lo que él ha hecho en la APM y desde la APM es promover un programa de lectura que responde al retorno a Freud, es decir, que implica leer a Lacan. Y ahora la pregunta que me surge es otra: ¿cómo es posible que haya podido hacer tanto, formando parte de la APM?
Creo que si él ha cumplido la función de un puente que lleva a Lacan por la vía de Freud y no ha tenido que salir de una institución que no ve a Lacan con simpatía, por lo menos no hasta hace poco tiempo, se debe precisamente a que Juan Carlos Plá ha ejercido influencia, pero no ha entrado en luchas de poder. Su anarquismo es poético, no bélico. Eso le permite dialogar con Marie Magdeleine Chatel, con Jean Allouch, con la École lacanienne y con otros poetas como él que, vivos o muertos, siguen diciendo las cosas decisivas.
Concuerdo con Juan Carlos cuando dice lo siguiente:
Para leer a un autor como Pessoa, o como cualquier autor, hay que leer todo, absolutamente todo. Y entonces los brillos pueden aparecer de manera muy distinta.[21]
Creo que justamente así hay que leer a Freud y a Lacan, por inmensa que parezca la tarea, ¿sería posible para un analista decir a priori que tal o cual texto de Freud o de Lacan no le incumben? Pero eso no basta. Hay que cuestionar.
Cuestionar no quiere decir alzar la voz, ¿eh? Ni hacer de fiscal, ni ponerse los coturnos, ni ponerlo todo con mayúscula.
Cuestionar implica tocar lo impensado, implica la posibilidad de un nuevo decir. Cuestionar implica animarme a preguntar sabiendo que para poder preguntar tengo que atravesar la zona donde todo se ha caído.
Cuestionar implica poder dar cuenta y cabida a lo que ya ocurrió. No sé de antemano lo que ya ocurrió.[22]
Un psicoanálisis no puede sino fatigar la historia del analizante para encontrar algo nuevo, innovador incluso. Así con Lacan, y Freud, y Pessoa.
Con todo, hay una diferencia entre la manera de leer de Juan Carlos y la que yo practico como miembro de la escuela a la que pertenezco. Cuando Littoral apareció, le dió a sus lectores un regalo, que era juego de comillas;[23] su utilidad radica en poder citar generosamente a Lacan utilizándolas y así poder leerlo críticamente. Es la manera en que yo prefiero hacerlo. En ese sentido difiero de Juan Carlos, que procede como poeta y sostiene que para escuchar hay que imaginar; por mi lado diría que para escuchar hay que leer lo que hay de escrito en lo que dice el analizante y, cuando se trata de leer a Lacan, contar con muchas comillas a la mano para no tener que confiar en la memoria veleidosa.
Esa diferencia entre su estilo y el estilo de la escuela a la que pertenezco no es un obstáculo para que yo haya aprendido mucho de las páginas que leí con gusto, con desazón, y más de una vez riendo a carcajadas, picado por el pícaro sentido del humor de Juan Carlos.
Es desde esa diferencia que hoy saludo la aparición del libro de Juan Carlos Plá.
[1] La presentación tuvo lugar el 9 de octubre de 2010, en la Casa de las Humanidades de la UNAM, México, D.F.
[2] Miembro de la École lacanienne de psychanalyse.
[3] Durante la investigación que realizamos a para el seminario de la École lacanienne de psychanalyse, “Transformarse en analista”, hemos dedicado a lo largo de 2010 nueve conferencias a “Los psicoanálisis en la Ciudad de México”. Durante esa investigación Juan Carlos Plá y Esperanza Pérez de Plá han tenido la generosida de aportarnos diversas informaciones, de las que esta exposición se ha beneficiado.
[4] Agradezco a la Asociación Psicoanalítica Uruguaya que, a través de su directora de Publicaciones y Biblioteca y en particular a la bibliotecaria Martha Gómez de Sprechmann, ha facilitado y apoyado en todo lo posible esta investigación.
[5] Osvaldo Francheri, “El rey del bosque; un caso de histeria de angustia”, RUP, tomo 12, parte 4, 1970.
[6] Juan Carlos Plá, “El período de comunicación oniroide en el análisis de Griselda; a la búsqueda de un sujeto por el camino del teatro y del sueño”, RUP, tomo 12, parte 4, 1970.
[7] 4ª Conferencia de “Los psicoanálisis en la Ciudad de México”, que tuvo lugar en mayo de 2010.
[8] Juan Carlos Plá, Del destino y del destinar, Instituto Mora, México, 2010, p. 53
[9] Ibid., p. 94
[10] Juan Carlos Plá, “El período...”, op. cit., apartado I.
[11] Juan Carlos Plá, Del destino... op. cit., p. 111
[12] Armando Suárez, “Nota del director de esta colección” [Psicología, Etología y Psicoanálisis] en Jacques Lacan, Escritos, vol. 1, Siglo XXI Editores, México, 1984, 10ª edición en castellano, corregida y aumentada, en dos volúmenes.
[13] El título del volumen dice a la letra: Jacques Lacan, Las formaciones del inconsciente, Nueva Visión, Colección Lenguaje y Comunicación Dirigida, Buenos Aires, 1977. La Colección Lenguaje y Comunicación estaba dirigida por Oscar Masotta y la edición estuvo a su cargo; la tardía fecha de su publicación en castellano deja entrever que alguien tendría que haberse procurado en Montevideo un ejemplar de la edición francesa, que apareció en 1958.
[14] Jean Allouch, “Una terna freudiana; acto, acting out y acción”, RUP, tomo 14, Parte 4, Número 56, 1978.
[15] Juan Carlos Plá, “Sobre la tortura”, Cuestionamos, vol. 2, Colección Izquierda Freudiana, Granica Editor, Buenos Aires, 1973. También en el primer volumen hay un artículo de Juan Carlos Plá, “Sobre el inconsciente, la contratransferencia y otros temas también espinosos. Algunos problemas actuales del papel del analista”, Cuestionamos, Colección Izquierda Freudiana, Granica Editor, Buenos Aires, 1971.
[16] Juan Carlos Plá, Del destino..., op. cit., p. 266
[17] Cf. Jean Allouch, “La fonction secrétaire, élément de la méthode freudienne”, Revue du Littoral, num. 34-35, La part du secrétaire, EPEL, París, 1992.
[18] Juan Carlos Plá, “El período...”, op. cit., apartado I.
[19] Michel Foucault, “Lacan, le ‘libérateur’ de la psychanalyse”, Dits et écrits, t. II, Gallimard, 2001, p. 1024.
[20] Juan Carlos Plá, Del destino..., op. cit., p. 261
[21] Ibid., p. 148
[22] Ibid., p. 113
[23] Jean Allouch, “Une présentation”, Littoral, número 1, Blassons de la phobie, Erès, París, 1981, pp. 3-4.
Comentarios
Oscar Masotta comenzó a traducir a Lacan en 1960, cuando su psicoanalista Pichón Riviere le entregaba las clases que recibía directamente de Paris. Nos guste o no nos guste, el psicoanálisis llega a América Latina y también a México vía Buenos Aires (ni Córdoba ni mucho menos Uruguay)
Si bien Juan Carlos Plá ha sido un gran lector de Lacan, me consta que en su práctica no era lacaniano, lo cual no le quita ningún mérito respecto de las huellas que ha dejado su enseñanza en México
Respecto a leer "absolutamente todo Freud" "absolutamente todo Lacan" ! Vaya ! El "absoluto" y el "todo" no es ni freudiano ni lacaniano!!
De cualquier manera, no es posible rastrear la influencia directa de Masotta entre quienes llegaron a mediados y finales de los años setenta a México de la Argentina, y ninguno de los exiliados parece haber venido directamente de Buenos Aires. De hecho, la publicación del primer texto donde Masotta habla de Lacan fue en una revista Cordobesa, no porteña. Con todo, la influencia de este texto frente a "Freud y Lacan" de Althusser es muy pequeña.
Por eso sería muy interesante que me indique en qué se apoya para sostener que el psicoanálisis lacaniano llegó a la Ciudad de México vía Buenos Aires. El apoyo en la letra o en los testimonios literales es lo único que permite vaciar la evidencia, destituir al sentido común y lo verosímil, que es la tarea a la que nos dedicamos en el seminario.
Respecto de leer todo Lacan, ¿cuál sería el texto de Freud o de Lacan que usted diría que a priori se podría dejar de leer? ¿cuál sería el texto del que se podría decir que carece de interés como para decidir de antemano no leerlo?
En cuanto a la práctica de Juan Carlos Plá, nada puedo decir de primera mano, pero el interés no está en fundamentar que él fuera lacaniano, sino en situar la labor de puente que tuvo para que llegara a existir una vía (digo "una vía") de acceso al psicoanálisis lacaniano en el Distrito Federal.
Saludos atentos,
Manuel Hernández
De eso nadie se salva. muchos lo supimos por él. El hubiera dicho riendo: Quién sabe...
Plá anarquista, Plá poeta, Plá analista. Los Plá... Los entrañables "chicos" ahora hombres , padres de otros chicos. Lo cercano, lo familiar. Con la diversidad de sentidos que esto pueda tener.
Ese es el Carlos Plá querible, añorable, extrañable. También con todo lo que ésto quiera decir. Fue el nombre de una era. Era Plá. Porque se terminó
se puede pasar a otra cosa.
No quiero dejar de hacer una aclaración:
La primera vez que Massota (otro loco querido) escribió el nombre de Lacan fue en 1959 en "la fenomenología de Sartre y un trabajo de Daniel Lagache", publicado en la revista Centro en la cual colaboraba.
Segundo mojón: 12 de marzo de 1964. Conferencia dada en el Instituto de Psiquiatría Social de Enrique Pichón Riviere: "Jacques lacan o el inconciente en los fundamentos de la filosofía".
Simultáneamente su departamento de la calle Barrientos se atascaba cada día más de estudiantes de psicología, Dres portadores de ostentosos Rolex de la APA que le pedían que no los descubriera públicamente como estudiantes de Freud y Lacan. Si. Los psicoanalistas oficiales se escondían. Y lo escondían. Prestigiosos semiólogos, filósofos, escritores, linguistas de esas épocas eran sus amigos y alumnos en pequeños grupos donde se tomaba mate y ginebra.
A veces se tocaba piano a 4 manos. O a 6.
En 1973 hizo su aparición en la UBA. Jorge Fukelman (otro muerto reciente que importa), le "dio" su cátedra de psicopatología para dar 3 clases a alguien que había cursado unas pocas materias en filosofía. No tenía título universitario.
Qué interesa si fue primero Buenos Aires, Montevideo o Córdoba? Es ocioso perder el tiempo en esas pequeñeces. El psicoanálisis no es una cuestión territorial.
Esa fue la que se dio en llamar "operación Massota".
Imposible desconocerla.
De eso nadie se salva. muchos lo supimos por él. El hubiera dicho riendo: Quién sabe...
Plá anarquista, Plá poeta, Plá analista. Los Plá... Los entrañables "chicos" ahora hombres , padres de otros chicos. Lo cercano, lo familiar. Con la diversidad de sentidos que esto pueda tener.
Ese es el Carlos Plá querible, añorable, extrañable. También con todo lo que ésto quiera decir. Fue el nombre de una era. Era Plá. Porque se terminó
se puede pasar a otra cosa.
No quiero dejar de hacer una aclaración:
La primera vez que Massota (otro loco querido) escribió el nombre de Lacan fue en 1959 en "la fenomenología de Sartre y un trabajo de Daniel Lagache", publicado en la revista Centro en la cual colaboraba.
Segundo mojón: 12 de marzo de 1964. Conferencia dada en el Instituto de Psiquiatría Social de Enrique Pichón Riviere: "Jacques lacan o el inconciente en los fundamentos de la filosofía".
Simultáneamente su departamento de la calle Barrientos se atascaba cada día más de estudiantes de psicología, Dres portadores de ostentosos Rolex de la APA que le pedían que no los descubriera públicamente como estudiantes de Freud y Lacan. Si. Los psicoanalistas oficiales se escondían. Y lo escondían. Prestigiosos semiólogos, filósofos, escritores, linguistas de esas épocas eran sus amigos y alumnos en pequeños grupos donde se tomaba mate y ginebra.
A veces se tocaba piano a 4 manos. O a 6.
En 1973 hizo su aparición en la UBA. Jorge Fukelman (otro muerto reciente que importa), le "dio" su cátedra de psicopatología para dar 3 clases a alguien que había cursado unas pocas materias en filosofía. No tenía título universitario.
Qué interesa si fue primero Buenos Aires, Montevideo o Córdoba? Es ocioso perder el tiempo en esas pequeñeces. El psicoanálisis no es una cuestión territorial.
Esa fue la que se dio en llamar "operación Massota".
Imposible desconocerla.
Hay mucho acceso a la información desde la web, si tecleas « Oscar Masotta », o « Escuela Freudiana de Buenos Aires », o incluso el prólogo de « Psicología, ideología y ciencia » (donde por cierto hay un reconocimiento de sus autores Néstor Braunstein, Marcelo Pasternac, Frida Saal y Gloria Benedito, a Raúl Sciarreta como su maestro), allí encontrarás muchos datos de la historia
Pero más allá del análisis de Masotta, acuerdo completamente con Susana Dato en el sentido de que no hay una territorialización del psicoanálisis. Para establecer la historia del psicoanálisis donde quiera que sea, no podemos ajustarnos sólo a las categorías del historiador, sino que es necesario ajustarse a las categorías del psicoanálisis. Entonces, dado que la transmisión del psicoanálisis es de analista a analizante, sólo un árbol genealógico de los análisis de los analistas (tal se analizó con tal que a su vez se analizó con tal, etc.) podría autorizar a hablar de los « orígenes del psicoanálisis » aquí o allá. Por cierto, ese árbol genealógico conduciría a Freud.
Respecto de leer « todo » Freud, « todo » Lacan, y sus « absolutos » respectivos, considero que no se trata de « dejar de lado » textos, sino que donde veo el problema es en el enunciado : no hay un « todo » en psicoanálisis, menos un absoluto, hay saber en movimiento. Un estudio cronológico con la ilusión de un saber que progresaría hacia algún « todo » es el discurso universitario donde el agente es justo el imperativo de un saber absoluto cuya verdad es el amo.