Síntesis de la reunión del 25 de julio de 2009

El sábado 25 de julio hubo dos presentaciones de texto, a continuación la síntesis de Gabriel Meraz sobre el libro que él mismo comentó ese día, Sandor Ferenczi, Otto Rank, Metas para el desarrollo del psicoanálisis, Epeele, México, 2005:

En 1922 tuvo lugar en Berlín el 7º Congreso Psicoanalítico Internacional. En dicha ocasión, Freud fijó como tema de trabajo para el premio que ofrecía la Editorial Psicoanalítica Internacional “las relaciones de la técnica analítica con la teoría analítica”. Movido por la enorme desproporción que el congreso había evidenciado, a saber, la abundancia de trabajos “teóricos” y la ausencia casi total de trabajos “técnicos”, Freud planteó como objetivo al nuevo concurso indagar la manera en que la técnica influía sobre la teoría y si éstas se promovían u obstaculizaban recíprocamente. De manera significativa, ningún trabajo concursó por el premio (cuyo monto, dicho sea de paso, se había multiplicado en un dos mil por ciento, gracias a una donación de Max Eitingon).

Sandor Ferenczi y Otto Rank, no obstante, se encontraban trabajando sobre el asunto. Tras la convocatoria pusieron en común lo que habían escrito y durante el verano de 1922 mantuvieron un intercambio de reflexiones que amplió su material hasta convertirlo en un pequeño libro, que vio la luz a mediados de 1924. La fecha de aparición del librito, entonces, lo hacía coincidir con la publicación de los trabajos doctrinarios más importantes de ambos autores: Thalassa, de Ferenczi, y El trauma del nacimiento, de Rank. El 2 de enero de ese mismo año Ferenczi leyó un resumen del libro en una reunión la Sociedad Psicoanalítica de Viena que desde el primer momento suscitó polémica y descontento. Freud comentaría en carta a Ferenczi, entre otras cosas, que le había parecido deshonesta su presentación, ya que no había tocado el tema central del trabajo y había aprovechado la ocasión para promover la “técnica activa”. Alertado por Abraham (quien veía en el trabajo “un germen de disensión”, incluso “signos de un proceso fatal que afecta a cuestiones vitales del psicoanálisis”) de la tormenta que se había desencadenado en el seno del “Comité Secreto”, Freud envió el 15 de febrero una carta circular a sus integrantes para restablecer la calma y tomar posición sobre el asunto. En ella les decía que, si bien no aprobaba en su totalidad las ideas del libro, “no deseo que se guíen en sus trabajos por la consideración de si me resultarán agradables o no”, a la vez que lo consideraba como “una corrección de mi concepción del papel de la repetición y la actuación en el análisis”.

El libro consta de seis capítulos de extensión desigual y, en efecto, el primero de ellos es una breve introducción destinada a presentar, como si de una buena nueva se tratase, las cualidades de la “técnica activa” (que Ferenczi venía desarrollando desde 1918 y que abandonará en 1927). A diferencia de la posición “ortodoxa”, que consideraba el recuerdo y la reelaboración como metas del análisis y anatemizaba la repetición como un sinónimo de resistencia (esto a partir de una cierta lectura, manualizada y manualizante, de un texto clave de Freud, “Recordar, repetir, reelaborar”, de 1914), Ferenczi y Rank proponían al analista salir de su posición “pasiva” en los momentos en que un análisis mostrara signos de estancamiento, e interviniera de manera “activa” (dando órdenes, por ejemplo, o estableciendo prohibiciones concretas al analizado) para promover la repetición, cuya importancia era decisiva para llevar a buen término la cura. La argumentación doctrinaria que ofrecían de esta técnica tomaba en cuenta los desarrollos de la teoría de la libido de Freud; así pues, en el manejo de la transferencia y de las resistencias la tarea del analista era intervenir directamente sobre el flujo libidinal del paciente para hacerlo regresar “por el camino de la transferencia, al tiempo de la constitución del «complejo de Edipo» (no a la situación en sí misma)”. El análisis es aquí caracterizado como “la introducción artificial de un proceso de desagüe libidinal”, y la situación analítica es vista como una repetición del drama edípico que, mediante el artificio analítico, puede ser llevado a una (di)solución.

Entre los planteamientos del libro que prefiguran de un modo sorprendente ideas de corte lacaniano (por ejemplo, el analista concebido como una formación del inconsciente) sobresalen algunos que apuntan a establecer una concepción del final del análisis; misma que, en cierta forma, estaba presente en algunos textos de Freud. Ferenczi y Rank coincidían con su maestro en que para que la cura analítica mereciera este nombre (y no se redujera a una mera sugestión) la relación transferencial tenía que alcanzar un punto resolutivo, es decir, tenía que ser disuelta, desmontada. El desmontaje de la transferencia debía de ocurrir de un modo gradual, y requería de un cierto recorrido temporal en el que lo fundamental era liberar al paciente de la fijación libidinal al analista. (En el primer capítulo de El trauma del nacimiento, Rank entendía la disolución de la transferencia como un “segundo nacimiento”, que repetía la situación del nacimiento originario en tanto desapego libidinal de la madre).

De particular interés son los apuntes críticos de Ferenczi y Rank, por ejemplo, sobre “el fanatismo de interpretación”, o sobre el estorbo que significa para el análisis el “saber de más” y el narcisismo del analista. En lo concerniente a la relación y la influencia recíproca entre práctica y teoría, los autores hablan de la existencia de un “círculo virtuoso” (no contaban aún, como Lacan, con la banda moebiana para ilustrar la continuidad de las dos dimensiones del saber analítico). En el transcurso de la lectura se observan algunas contradicciones, surgidas, muy presumiblemente, de la necesidad que los autores se imponían a sí mismos de matizar la radicalidad de sus planteamientos –verdaderamente innovadores- y aproximarlos en lo posible a las ideas freudianas en boga. Con todo, esta pequeña joya de la literatura psicoanalítica –definida por Ferenczi y Rank como un “posicionamiento técnico-político-científico”- conserva toda su fuerza y todo su brillo, encierra en sus páginas una candente actualidad.

Comentarios

Entradas populares de este blog

La ¿caída?

Juan Carlos Plá, in memoriam

Los psicoanálisis en la Ciudad de México II