Reseña de la reunión del 11 de julio de 2009
La exposición intentó desplegar la coexistencia de dos ideas contradictorias en la propuesta que Freud lanzó en "Nuevos caminos para la terapia psicoanalítica". Hablar del derecho universal gratuito a la salud, tanto física como psíquica y confiar esa tarea al Estado, es una idea propia de los socialdemócratas alemanes que, temiendo una revolución, fue adoptada por Von Bismark, político conservador, que llamó a su programa "Socialismo de Estado" término que prevaleció, aunque Bismark no buscaba ningún tipo de socialismo, al contrario. Freud, por su parte, pensó que tendría que ser la iniciativa privada quien se hiciera cargo de proporcionar ese tipo de atención a la "salud psíquica". Así, en su iniciativa, inspirada en el modelo médico, coexistían en contradicción dos modelos de economía pública que precisamente en 1919 se disputaban el mundo.
La ciudad en donde más aguda se hizo esa lucha fue, precisamente, Berlín. Y fue ahí donde Max Eitingon tomó la batuta para concretar la idea de Freud. Seguramente no fue una casualidad que así sucediera.
Durante mi exposición intenté mostrar que Eitingon mismo estuvo atravesado por ese conflicto político y social. Para hacerlo fue importante contar con los elementos del debate que se desarrolló sobre Max Eitingon hacia finales de los años ochenta en las páginas del New York Times y del New York Book Review, y que se centró en una pregunta: ¿participó Max Eitingon en tareas de espionaje en beneficio de la URSS?
La familia de Eitingon era dueña de un emporio en pieles naturales; eran los mayores fabricantes de abrigos del mundo y lo fueron por décadas. También tenían negocios en bienes raíces, y Eitingon-Schild Co. era una empresa de referencia en la bolsa de valores de Nueva York.
Así, en Eitingon probablemente coexistieron, como en Berlín y como en su Policlínica, dos modelos de economía encontrados. De ahí que haya hecho suya la idea de Freud.
El resultado directo de este conflicto de modelos económicos fue la formación sintomática que llevó por nombre "Policlínica de Berlín". Al intentar dar atención psicoanalítica gratuita o casi gratuita a quien la solicitara, esta institución privada se vio en la necesidad de ampliar el número de quienes recibían en consulta. De ello surgió la idea de entrenar nuevos psicoanalistas, y de ahí el modelo de formación propuesto por Eitingon que, a la larga, se ha convertido en un auténtico modelo de negocios que florece por todo el mundo todavía hoy. ¿En qué consiste?
En México, como en otras partes del mundo, hay centros de atención pública a bajos precios, y quienes ahí solicitan consulta son recibidos por los estudiantes de esos centros. Estos, a su vez, son candidatos de los institutos de dichas organizaciones y, mediante el pago sumas mucho más importantes, hacen supervisión obligatoria y a veces también análisis, con los analistas didactas de las mismas.
Con ese nombre o con cualquier nombre sustituto que se presente, el analista didacta es una formación sintomática que surge de ofrecer un psicoanálisis con pretenciones de asistencia social que, a mediano plazo, inevitablemente deriva en un modelo de negocio con una estructura de poder piramidal. O bien parte de él, ya sin tapujos.
La experiencia analítica no puede orientarse por el modelo socialista ni capitalista sin ir en contra de sí misma. Y el problema se agrava cuando esas iniciativas generan instituciones. ¿Cuál es entonces la economía propia del psicoanálisis?
La ciudad en donde más aguda se hizo esa lucha fue, precisamente, Berlín. Y fue ahí donde Max Eitingon tomó la batuta para concretar la idea de Freud. Seguramente no fue una casualidad que así sucediera.
Durante mi exposición intenté mostrar que Eitingon mismo estuvo atravesado por ese conflicto político y social. Para hacerlo fue importante contar con los elementos del debate que se desarrolló sobre Max Eitingon hacia finales de los años ochenta en las páginas del New York Times y del New York Book Review, y que se centró en una pregunta: ¿participó Max Eitingon en tareas de espionaje en beneficio de la URSS?
La familia de Eitingon era dueña de un emporio en pieles naturales; eran los mayores fabricantes de abrigos del mundo y lo fueron por décadas. También tenían negocios en bienes raíces, y Eitingon-Schild Co. era una empresa de referencia en la bolsa de valores de Nueva York.
Así, en Eitingon probablemente coexistieron, como en Berlín y como en su Policlínica, dos modelos de economía encontrados. De ahí que haya hecho suya la idea de Freud.
El resultado directo de este conflicto de modelos económicos fue la formación sintomática que llevó por nombre "Policlínica de Berlín". Al intentar dar atención psicoanalítica gratuita o casi gratuita a quien la solicitara, esta institución privada se vio en la necesidad de ampliar el número de quienes recibían en consulta. De ello surgió la idea de entrenar nuevos psicoanalistas, y de ahí el modelo de formación propuesto por Eitingon que, a la larga, se ha convertido en un auténtico modelo de negocios que florece por todo el mundo todavía hoy. ¿En qué consiste?
En México, como en otras partes del mundo, hay centros de atención pública a bajos precios, y quienes ahí solicitan consulta son recibidos por los estudiantes de esos centros. Estos, a su vez, son candidatos de los institutos de dichas organizaciones y, mediante el pago sumas mucho más importantes, hacen supervisión obligatoria y a veces también análisis, con los analistas didactas de las mismas.
Con ese nombre o con cualquier nombre sustituto que se presente, el analista didacta es una formación sintomática que surge de ofrecer un psicoanálisis con pretenciones de asistencia social que, a mediano plazo, inevitablemente deriva en un modelo de negocio con una estructura de poder piramidal. O bien parte de él, ya sin tapujos.
La experiencia analítica no puede orientarse por el modelo socialista ni capitalista sin ir en contra de sí misma. Y el problema se agrava cuando esas iniciativas generan instituciones. ¿Cuál es entonces la economía propia del psicoanálisis?
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